
Isaías 26:3, «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado».
Pueblo de Dios, tú determinas tu enfoque. Puedes quejarte. Puedes culpar a otros. Pero aquello en lo que te detienes a pensar es lo que moldea tus sentimientos. El temor crece cuando te enfocas en el temor. La fe crece cuando te enfocas en Dios. Tu enfoque es una decisión, protégelo a toda costa.
El camino hacia tu trono no será fácil. Los desafíos llegarán sin invitación. Sin embargo, para la persona de fe, los obstáculos no son para destrucción, son preparación. Lo que parece ser retroceso suele ser una preparación para el avance.
Considera a José: de la casa de su padre al pozo, de la esclavitud a la prisión, y de la prisión al trono. Cada etapa parecía dolorosa, pero todas tenían un propósito.
Cuando Moisés se enfrentó al Mar Rojo, eligió la confianza en lugar del pánico. Cuando Daniel se enfrentó a la persecución, eligió la oración en lugar del temor. Ellos no intentaron controlar a Dios; confiaron en Él.
A veces, las demoras te preservan. A veces, los obstáculos te preparan. A veces, las pruebas te fortalecen para lo que está por venir. La batalla no es sólo tuya; Le pertenece al Señor.
Rehúsa permitir que la enfermedad, la decepción, los retrasos o la presión dicten tu enfoque. Pregúntate: ¿Dónde está mi enfoque?
Un enfoque correcto te da paz en medio de las tormentas, denuedo ante la adversidad y confianza en tu camino.
Protege tu enfoque. Mantente conectado con Dios. Confía en Él lo suficiente como para seguirle, no para darle instrucciones.
Oración:
«Señor Jesús, ayúdame a guardar mi enfoque. Perdóname por permitir que el temor y la presión controlen mis pensamientos. Enséñame a confiar en Ti en cada prueba. Fortalece mi corazón para permanecer tranquilo, seguro y fiel, sabiendo que cada batalla te pertenece a Ti. En el nombre de Jesús. Amén».