Dios es el Creador y Hacedor de todas las cosas, y no crea nada sin un propósito; incluso los malvados existen para cumplir Sus planes definitivos. Como dice la Biblia, «Toda obra del Señor tiene un propósito; ¡hasta el malvado fue hecho para el día del desastre!» (Proverbios 16:4). ¿Qué es lo que Dios te ha destinado a hacer?

¿Qué es lo que Dios te ha destinado a hacer?

Dios es el Creador y Hacedor de todas las cosas, y no crea nada sin un propósito; incluso los malvados existen para cumplir Sus planes definitivos. Como dice la Biblia, «Toda obra del Señor tiene un propósito; ¡hasta el malvado fue hecho para el día del desastre!» (Proverbios 16:4).

El Profeta T.B. Joshua nos enseñó que, como Cristianos, «el primer paso para conocer nuestro destino, lo que Dios quiere que seamos, es conocer mejor a Dios». Sólo puedes conocer mejor a Dios si Su Palabra domina tu corazón y se impone sobre ti. Recuerda, Dios y Su Palabra son uno; son inseparables («En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios», Juan 1:1). Sólo puedes conocer a Dios leyendo Su Palabra y meditando en ella. Meditar significa dejar que la Palabra domine tu corazón, dándole vueltas una y otra vez en tu mente, asegurándote de «sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito;» (Josué 1:8).

Sin embargo, debes asegurarte de que tu corazón esté en las mejores condiciones para Dios. Manténlo libre de toda falta de perdón, amargura, envidia, celos, dolor del pasado, heridas profundas y malicia, etc. La Biblia nos advierte que «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». (Efesios 4:31), porque Dios no puede habitar en un corazón lleno de estas cosas. Por lo tanto, debes liberar tu corazón antes de leer la Santa Biblia. Como nos enseña Jesús: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8).

Oración:
«Oh Espíritu Santo, libera mi corazón para seguirte, para conectarme Contigo y hacer de mi corazón sea tu morada. Te entrego todas mis preocupaciones y te permito que tomes el control de mi vida y de todo lo que me concierne, ¡en el nombre de Jesucristo! Amén».