La meditación trae revelación en la presencia de Dios.
La Biblia no es solo un libro para leer, sino una invitación a escuchar. Cuando abres las Escrituras, estás escuchando a Dios hablar, por medio de Su Palabra, a través de Su Espíritu. A medida que vuelves a ella una y otra vez, comienzas a comprenderte a ti mismo y al Dios que te creó. La meditación trae revelación. ¿Honrarás hoy la invitación de Dios?

La Biblia es la guía del Cristiano para creer y practicar; contiene la Verdad. Cuando lees la Biblia, estás oyendo a Dios hablar. Cuanto más lees la Biblia, más te entiendes a ti mismo y a ese Dios que te creó. La Biblia se nos da sencillamente para invitarnos. Dios Todopoderoso te está invitando a Su Palabra por Su Espíritu. ¿Honrarás esa invitación hoy?
Una cosa es leer y otra cosa es meditar. Leer nos ayuda a guardar la Palabra en nuestra memoria, mientras que la meditación nos ayuda a guardar la Palabra en nuestro corazón. La Palabra de Dios es un tesoro que produce grandes riquezas en las vidas de los que meditan en ella, no de los que sólo la leen. La Palabra de Dios se convierte en parte de ti únicamente mediante la meditación. Meditar es pensar más profundamente en silencio; es enfocarse tan sólo en una cosa: la Palabra de Dios. La meditación es el instrumento, el arma para hacer que la Palabra de Dios sea eficaz para el Cristiano.
Meditar en la Palabra es estar en comunión con Dios, porque la Palabra es el contacto de Dios con nosotros y nuestro contacto con Él. Cada instante de meditación genuina trae una respuesta, y esa respuesta puede ser un grito de gozo, confesión, acción de gracias, oración o alabanza. La Palabra, la Biblia en tus manos te lleva, a través de la meditación, más allá del conocimiento sensorial hacia la revelación donde obtienes resultados. Esto significa que debes prestar atención a lo que interiorizas, porque tu entrada determina tu salida. Alimenta tu espíritu todos los días para que Dios pueda abrirse camino en tu vida.