
Las palabras que hablas determinan la vida que disfrutas. Las palabras no son cualquier cosa. El amor y la desunión empiezan con las palabras. Tu futuro está en tus palabras. Las palabras crearon el mundo y las palabras crean tu mundo. Esto significa que las palabras que hablas determinan el tipo de mundo en el que vivirás. Las palabras que hablas pueden crear bendiciones o maldiciones, porque tus palabras no tienen fuerza neutral.
¿Cómo ha sido tu conversación habitual? ¿Es vivificante o destructiva? Muchos de nosotros no nos damos cuenta de que las palabras de nuestra boca nos aprisionan o nos liberan. No puedes levantarte por encima de tus palabras porque son el estándar de tu fe. Cuando hablas de fracaso, el fracaso aumenta su dominio sobre ti. Cuando hablas de temor, el temor aumenta su dominio sobre ti. Tus palabras te controlan y te dominan porque expresan tus pensamientos, que son las semillas de tu vida. Nos demos cuenta o no, estamos sembrando palabras.
Debemos sembrar buenas semillas. Como dijo Jesús en Lucas 8:1, podemos sembrar la Palabra de Dios. La Palabra de Dios te muestra la manera de pensar de Dios. Ella renueva tu mente y derriba los obstáculos que te impiden recibir libremente todo lo que Cristo ya ha comprado para ti. Las promesas de Dios se hacen reales y vivas cuando las confesamos. Si estás enfermo o eres pobre, la respuesta está en confesar la Palabra de Dios. Habla la Palabra de Dios hoy y observa a Dios tomar el control.
DECLARACIÓN: «Dios es quien dice ser. Yo soy quien Dios dice que soy. Dios puede hacer lo que dice que puede hacer. Yo puedo hacer lo que Él dice que puedo hacer. Dios tiene lo que dice que tiene. Yo tengo lo que Dios dice que tengo. ¡Emmanuel!». ¡Emmanuel!