
La vida que vivimos es la que nos conduce al nombre de Jesús, una vida acorde con la Palabra de Dios. Cuando te despiertas por la mañana, necesitas dirección. Esa dirección sólo puede venir de un corazón en el que Dios mora, es decir, del espíritu.
Sin embargo, cuando muchas personas se despiertan, sólo se preocupan por lo que vendrá después y se dan dirección a sí mismas. Esta es la causa de muchos desafíos en el mundo: crear nuestras propias direcciones o guiarnos por nosotros mismos, cuando en realidad sólo Dios debería ser nuestro Guía. Verdaderamente, la dirección de Dios es lo que necesitamos ahora y siempre. La solución de hoy puede no ser apropiada para el problema de mañana.
Como todos sabemos, muchas cosas están sucediendo a nuestro alrededor. No escuches tu situación para luego actuar fuera de lugar. Más bien, permite que la Palabra de Dios guíe tu camino y nunca permitas que tus desafíos dicten tu dirección.
¿Ves esos desafíos? ¡Déjalos en manos de Dios! Recuerda que las bendiciones atraen desafíos. Cuando las bendiciones llegan sin desafíos, es posible que no seas capaz de manejarlas bien. Los desafíos nos ayudan a fortalecernos y nos preservan para Dios.
Tu espíritu necesita ser renovado. Muchos pueden creer que ya lo tienen todo; sin embargo, suele faltar algo, y eso es la renovación del espíritu. Muchas personas tienen abundancia financiera, pero son débiles espiritualmente. Nos estamos volviendo más prósperos materialmente que espiritualmente, y esa es la causa de muchos padecimientos. Aunque ahora tengas dinero, esto no puede quitar tus pesadillas, tu aislamiento o tu depresión.
En Juan 16:33, Jesús dice,
«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo».
Ciertamente, en este mundo habrá tribulaciones, enfermedades, dolencias, pobreza, dificultades y muchas cosas que pueden perturbar tu paz. Jesús dice que tengas ánimo y dejes todo eso atrás. No permitas que tus desafíos te ensombrezcan.
Pueblo de Dios, nuestro espíritu debe ser renovado mediante la meditación en la Palabra, reflexionando constantemente en ella en nuestro corazón hasta llenarnos de ella. Primero debes prosperar espiritualmente, porque ahí es donde residen la capacidad y la fortaleza de Dios.
Puede que creas que no hay nada en este mundo que no hayas disfrutado. Sin embargo, ¿has disfrutado verdaderamente de una relación con Dios? Si logras esto, afectará positivamente a todos los que te rodean. Es tiempo de que conozcas a Dios como los hijos conocen a su padre; deja de imaginarlo. Alguien puede decirte, «Jesús dijo esto», pero ya es tiempo de que tú mismo Le oigas.
Nuestra relación con Dios debe ser la prioridad, porque el Cielo es la recompensa. ¿Qué es aquello que estás haciendo por lo cual esperas una recompensa? Recuerda que Dios es el que recompensa. ¿Qué estás sembrando? Todo lo que siembres aquí, lo cosecharas allí.
El dinero que tienes y las posesiones que buscas nunca podrán satisfacerte por completo, porque esa es la naturaleza del ser humano. Pero en tu relación con Dios, habrá un lugar especial para ti.
La vida que vivimos es la que nos conduce al nombre de Jesús, acorde con la Palabra de Dios, y nos impulsa a invocar el nombre de Jesús. Si realmente quieres avanzar en tu vida espiritual, debes comenzar con aislamiento; apartar tiempo para ti mismo para encontrarte con Dios y hablar con Él. Todo lo grande comienza pequeño. Debes cultivar el hábito de encontrarte con Dios.
Pueblo de Dios, una vez que comiences esto conforme a la Palabra de Dios, la puerta en la que has estado tocando se abrirá. Todo comienza fuera del ámbito de la realidad, pero cuando se establece en verdad y fe, pasa a ser realidad. Hermanos, recuerden: bueno no es suficientemente; ¡lo mejor está por venir!
Oración:
«Oh Espíritu Santo, continúa revelándote a mí y muéstrame el camino hacia Tu Trono, en el nombre de Jesucristo. Amén».