La fe verdadera no se basa en las emociones, sino en la confianza. Dice: «Aunque no lo entienda, aunque esté sufriendo, Tú eres Dios en todo momento».
Las temporadas difíciles no destruyen la fe verdadera, sino que la revelan.

Hay momentos en los que pensamos que el mundo que nos rodea está llegando a su fin. En esas situaciones críticas, reconocemos a los que son verdaderos Cristianos. Algunas personas intentan entender a Dios a través de sus sentimientos, aunque la Biblia nos enseña que la calidad de nuestra fe se mide por nuestra actitud hacia Dios, especialmente en los momentos difíciles.
A la luz de la experiencia de Job, podemos ver que los problemas no requieren ninguna invitación antes de llegar. Así que, cuando los problemas llegan inesperadamente, ¿cómo los afrontas? Job vio los momentos difíciles como una razón para creer en Dios, al igual que vio los buenos momentos como una razón para creer en Dios. Por eso no pecó acusando a Dios de haber obrado mal. Por el contrario, se postró en tierra en señal de adoración y dijo: «El Señor dio y el Señor quitó; alabado sea el nombre del Señor». Esto significa que si manejas tus tiempos difíciles con cuidado, pronto se convertirán en tiempos buenos.
Si el oro ha de ser oro, debe pasar por el fuego. Siempre que enfrentes desafíos inusuales, no te desanimes. Pueden ser para prepararte para las bendiciones inusuales que te esperan por delante, porque las bendiciones inusuales siempre atraen desafíos inusuales. Cuando entiendas esto, como hijo de Dios, tu confesión siempre será: «Me salves o no, continuaré sirviéndote, ¡porque sé que Tú eres mi Salvador! ¡Sé que Tú eres Dios todo el tiempo!».