PERMANECE EN MÍ Y YO EN TI

(Juan 15:5).

«Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer»

La instrucción de Jesús para que permanezcamos en Él no son sólo meras palabras; es una instrucción a la comunión, una comunión que da buenos frutos. Tan sólo podemos dar fruto cuando permanecemos en la Vid.

Obedecer la instrucción de Dios muestra que creemos lo que Él ha dicho.

Una vez que decimos que somos parte de Jesús, es decir, coherederos con Él, debemos comportarnos como Jesús. No podemos producir buen fruto fuera de la Vid. Debemos permanecer. ¿Cómo permanecemos en la Vid? Permanecer en la Vid es ser transformado y purificado por Jesús a través de Su Palabra y de Su Espíritu.

Como dijo el Profeta T.B. Joshua, «permanecer con Jesús es permanecer con el Espíritu Santo». Muchos de nosotros hoy tenemos hambre de vivir vidas piadosas y ser discípulos de Jesús.

Por lo tanto, Jesús nos ha dado una instrucción: «Permanezcan en Mí». Permanecer en Jesús es obedecer Sus instrucciones y mandamientos. Cuanto más permanecemos en Él, más nos parecemos a Él. A medida que nos transformamos, damos fruto que prueba que somos Sus discípulos, porque nuestra vida predica un mejor sermón que nuestros labios. Todo lo que Él requiere de nosotros es obediencia a Su Palabra, instrucciones y mandamientos.

Si queremos crecer, debemos obedecer las instrucciones y mandamientos de Jesús. Debemos estar dispuestos a dejar de lado nuestros propios deseos y anhelos para recibir lo que Él está dispuesto a darnos. Pueblo de Dios, Jesús no se limitó a darnos una instrucción en justicia; al darnos el Espíritu Santo, nos proporcionó un medio para ayudarnos a cumplir esa instrucción. En verdad, no nos dejó huérfanos y sin ayuda.

Pueblo de Dios, recuerden hoy la instrucción de Jesús: «Permanezcan en Mí». La recompensa de ver cumplidos los deseos de nuestro corazón, es decir, aquellos deseos que están alineados con la voluntad de Dios, es para quienes permanecen, no para quienes sólo acuden a Él cuando necesitan algo.

«Señor Jesús, me arrepiento de mis caminos. Te he tratado como a un extraño. Ten misericordia de mí y dame la gracia para permanecer en Ti. Ayúdame a acercarme a Ti. Quiero conocerte más. Quiero ser Tu amigo. ¡En el nombre de Jesús, Amén!».