No hay lugar como el hogar.

No hay lugar como el hogar. El hogar es donde oyes claramente la voz de tu Padre Celestial y donde descansas y te relajas en Sus preciosos brazos. El hogar no está en lo natural. El hogar es donde está el corazón.

Mateo 6:21 dice, «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón». El hogar de un Cristiano es donde Dios mora, y Dios mora en el Cielo. Como Cristianos, el Cielo es nuestro hogar y aquellos que han nacido de lo Alto anhelan estar allí.

La falta de hogar es la condición del hombre sin Dios. En el momento en que Dios Todopoderoso nos creó, sopló Su vida y Su Espíritu en nosotros y puso la eternidad en nuestros corazones como un recordatorio constante de que este mundo no es nuestro hogar y que hay más en la vida de lo que el ojo común puede ver.

Necesitamos un espíritu libre, un corazón libre para conectarnos con el Cielo. Tu corazón es el punto de contacto con el Cielo, pero esto dependerá de aquello a lo que das atención y en lo qué meditas todo el tiempo. Mateo 5:8 dice, «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios». Esto significa que lo verdadero en nosotros no es nuestra carne y sus deseos, sino nuestro hombre espiritual.

Somos hechos espirituales por la Palabra habitando en nosotros y en nosotros habitar en la Palabra. Necesitamos más de Dios para hacerlo bien y lograrlo. Necesitamos más de la fidelidad de Dios, de Su bondad, obediencia y domino propio. El poder de Dios sólo se moverá a través de Su Palabra y Su Espíritu porque la Palabra de Dios refresca nuestra mente y el Espíritu de Dios renueva nuestra fortaleza.

Cuando tu corazón es libre, es sensible, está vivo y atrae el Espíritu de Dios; se convierte en una poderosa casa y en un instrumento para desatar y atar. Pueblo de Dios, mientras continúas tu camino, guarda tu corazón y ten cuidado con lo que piensas por causa del Cielo.

Te dejo en la fe y espero encontrarte en la fe.

Oración: «Oh Espíritu Santo, te pido que tomes más de mí y me des más de Tu fidelidad, bondad, obediencia y dominio propio, en el nombre de Jesucristo. Amén».